léky na zvětšení prsou COLEGIO SAN AGUSTÍN CALAHORRA             

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Nuestro colegio lleva el nombre de San Agustín, un gran santo y sabio al que tenemos que imitar y escuchar.

San Agustín fue un hombre inquieto, buen amigo, sacrificado con todos, muy inteligente, dialogante y, sobre todo, comprometido por la causa de la verdad y del bien. Habló y escribió mucho exponiendo su gran sabiduría, que había conseguido por el estudio y por su clara inteligencia.

Vivió hace mucho tiempo (aa. 354-430), sin embargo su figura sigue iluminando a muchos hombres y   mujeres, que quedan maravillados de su profunda y esclarecedora doctrina. Caminó por sendas  equivocadas en sus años de juventud, pero el amor de Dios le fue orientando en diversas etapas hasta  alcanzar la luz de la fe (a. 387), a la que se entregó desde entonces con todas sus fuerzas hasta el final  de sus días.

Somos muchos los que le seguimos y queremos difundir su enseñanza, porque él fue también profesor y  enseñaba todos los días a sus fieles de Hipona (Argelia), de los que era su obispo. También se  comunicaba con muchos hombres y mujeres por carta y escribiendo para ellos libros y tratados, para  enseñarles y aclarar sus dudas. Habló elocuentemente en foros muy importantes: Concilios, basílicas y  la corte del emperador.

Ya en su tiempo fue muy conocido y admirado, y mucho más durante toda la Edad Media y siglos  siguientes. Por ejemplo, ha sido el autor más citado en el último concilio Vaticano II.

Un ejemplo de la fuerza de su expresión está en esta oración, que la puede hacer suya cualquier  hombre o mujer amante de la verdad.

"Dios, Padre bueno, que nos exhortas a la oración y nos concedes lo que pedimos. Escúchame mientras camino entre tinieblas y alárgame tu mano segura. Ilumíname con tu luz y hazme salir de mis errores, para que, conducido por ti, vuelva a mí y me encuentre contigo.

Mándame lo que sea de tu agrado, pero limpia mis oídos para que puedan escuchar tu voz, y sana mis ojos para que puedan ver tu luz.

Que yo te busque, Padre, sin caer en el error. Sal al paso de mi vida para que conociéndome te conozca y pueda encontrarme contigo, ya que te busco y te deseo".

San Agustín: Soliloquios, 2, 6.9 y 1, 5.6

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